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Diferencias básicas entre Esclerosis Múltiple y Esclerosis Lateral Amiotrófica

La Esclerosis Múltiple y la Esclerosis Lateral Amiotrófica, además de compartir la palabra “esclerosis”, son enfermedades neurodegenerativas que afectan al sistema nervioso y pueden llegar a ser similares en algunos aspecto. Sin embargo, existen grandes diferencias entre ellas.

La Esclerosis Múltiple (EM) es una de las enfermedades neurológicas más comunes en las personas de entre 20 y 40 años y es la segunda causa de discapacidad en los países desarrollados. Mientras que la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) afecta a personas comprendidas entre los 40 y 70 años y es mucho más frecuente en varones de 60-69 años.

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad autoinmune lo que quiere decir que el cuerpo ataca a alguna parte de nuestro organismo, concretamente a la mielina que es la sustancia encargada de transmitir el impulso nervioso. Cada ataque a la mielina contribuye a la pérdida de la misma y afecta al impulso nervioso. Con el paso del tiempo, el sistema inmunitario de la persona produce más daños al sistema nervioso lo que genera discapacidad en la persona.

En la Esclerosis Lateral Amiotrófica el daño se produce en la neuronas motoras, encargadas de controlar los músculos voluntarios. Al degenerarse, estas terminan muriendo y causando la atrofia del músculo debido a la ausencia de estímulo.

Asimismo, la sintomatología de estas dos enfermedades es muy distinta. Por un lado, la EM puede manifestarse en diferentes funciones del organismo y hacerlo con distinta intensidad. Algunos de los síntomas más frecuentes pueden ser: fatiga, problemas de equilibrio y coordinación, trastornos del habla, trastornos de la marcha, trastornos cognitivos, sensibilidad al calor, problemas intestinales o urinarios, dolor, alteraciones visuales, hormigueo, espasticidad y problemas sexuales, entre otros.

Por otro lado, los pacientes con ELA presentan debilidad muscular que puede avanzar hasta la parálisis y se extiende de por varias regiones corporales. Afecta incluso a la comunicación oral, la deglución y la respiración.

Imagen: Freepik / DCStudio

 

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