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Un fármaco usado para la presión arterial y la próstata podría beneficiar a los pacientes con ELA

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Un estudio realizado por investigadores de las Universidades de Edimburgo y Oxford ha demostrado que un fármaco empleado normalmente para tratar el agrandamiento de la próstata y la presión arterial podría servir como terapia potencial para las enfermedades de las neuronas motoras (MND), entre ellas, la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).

El estudio ha utilizado peces cebra, ratones y modelos de célula madre para demostrar que el fármaco terazosina protege contra la muerte de las neuronas motoras al aumentar su producción de energía.

El equipo ya ha iniciado un estudio de viabilidad sobre el efecto del fármaco en pacientes con enfermedades de las neuronas motoras que, de resultar exitoso, les llevaría a buscar un ensayo clínico completo.

La neuronas motoras necesitan producir energía para llevar las instrucciones del cerebro a los músculos. Si no hay suficiente energía, los mensajes no pueden transferirse de manera efectiva y el movimiento se ve afectado. Por ello, este grupo de investigadores se centró en la producción de energía de las neuronas motoras como posible estrategia terapéutica para tratar este tipo de patologías.

La terazosina ya había demostrado ser eficaz para aumentar la producción de energía en modelos de accidente cerebrovascular y enfermedad de Parkinson. Por eso, este equipo quería determinar si este fármaco también podía proteger a la neuronas motoras.

Para llevar a cabo la investigación se invitó a 50 pacientes del OxFord MND Care Research Center a participar en un estudio de viabilidad que examinaría el impacto de la terazosina en los indicadores clave de la progresión de la enfermedad.

“Nuestro trabajo muestra que la terazosina protege de la muerte de las células de las neuronas motoras en múltiples modelos de MND, lo que la convierte en una nueva y emocionante terapia potencial. El beneficio de trabajar con terazosina es que ya está recetado para una condición de salud diferente, por lo que sabemos que es seguro para los humanos y podría trasladarse rápidamente a la clínica”, señala la doctora Helena Chaytow, investigadora postdoctoral sénior en el Centro Euan MacDonald de la Universidad de Edimburgo y primera autora del estudio.

Imagen: Pixabay

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